Taiye Selasi: soy “afropolita”

Afropolitismo. ¿Qué significa exactamente?

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fuente: http://www.artapartofculture.net

— En 2005, escribí un ensayo donde describía el origen de una noción más flexible de identidad. El afropolitismo define a jóvenes de origen africano con una identidad híbrida, como mi hermana y yo. Mi padre nació en Costa del Oro, que en 1957 se convirtió en Ghana, estudió en Escocia y terminó trabajando como cirujano en Arabia Saudí. Los abuelos de mi madre eran un misionero escocés y una mujer yoruba, ella se crio entre Londres y Lagos y conoció a mi padre cuando ambos estudiaban en Zambia. 

Nacida en Londres, residente en Roma pero ¿y esa nueva identidad no modifica la definición de ser británico?

R. Sin duda. Los grandes cambios que trajo el colonialismo son especialmente visibles, no en los jóvenes países que surgieron a continuación, sino en París, Londres, Bruselas… Cuando sales al mundo y lo colonizas, a continuación el mundo entra en tu casa. Si no quieres incluir a escritores indios, nigerianos o jamaicanos en tu definición de literatura británica, no deberías haber colonizado India, Nigeria y Jamaica. Hablamos de lo británico como si solo significara té, la reina o ser blanco, y eso es absurdo. Lo británico se ha vuelto “marrón”.

 ¿Marrón?

R. Me niego a utilizar el término “negro”. Referirse a alguien por el color de su piel no es algo neutral e inofensivo. Al contrario: perpetúa el engaño de la existencia de una raza negra. Creo en el poder de la lengua para cambiar el pensamiento. James Baldwin decía que uno escribe para cambiar el mundo, aunque el cambio sea mínimo. Hablar de gente marrón produce cuanto menos extrañeza: ¿por qué no dice negro? No hablo ninguna lengua como un nativo. Mi país es mi hermana melliza.

Usted, una afropolita, estudió en Estados Unidos. ¿Sintió una proximidad especial con la cultura afroamericana?

R. Desgraciadamente el mito de la raza es una parte dominante de la vida y de la cultura popular en Estados Unidos. Cuando llegué a Yale, entré a formar parte de la categoría de estudiantes negros de la universidad. Sin embargo, en un estudio reciente se mostraba que alrededor del 70% de esos estudiantes son inmigrantes de África o de las Indias Occidentales. Asumir que alguien que creció en Nairobi ha de congeniar con alguien que creció en Brooklyn por el color de su piel no tiene sentido. 

Ser de todas partes y al mismo tiempo ninguna, ¿no la condena al desarraigo?

R. Identificar desarraigo con inmigración resulta engañoso. El arraigo es un sentimiento que nace de lo local y no de un país en su conjunto. Yo me siento en casa cuando voy a Accra, la capital de Ghana: el olor, la comida, las calles, mis amigos, mi madre, que vive allí desde hace 13 años, mi padre, que es ghanés… Pero eso no me sucede en otra ciudad, como Kumasi. Eso es algo universal. 

Pero para un escritor, ¿la patria no es su lengua?

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fuente: bookslive.co.za

R. Yo no hablo ninguna lengua como un nativo del país. En Ghana, en Italia y hasta en EEUU, la gente me pregunta de dónde soy. Mi madre tiene un acento británico muy marcado y fue ella quien me enseñó a hablar. En realidad, mi auténtico país es mi hermana. Lo más hermoso de tener una melliza es que por extraño que fuese el mundo en el que nací, no llegué sola.

Entre los estereotipos que existen en torno a África está la potente sexualidad del hombre africano. Sus personajes masculinos son amantes asombrosos…

R. Soy Escorpio, el signo más sexual del zodiaco. El sexo es una metáfora maravillosa de la experiencia humana: el deseo de unión, la búsqueda de un hogar, la separación… Explica el resto del drama humano; me interesa mucho, pero como cuestión humana, no relacionado con un continente de forma sociológica o antropológica. Eso no quiere decir que no sea consciente de que existe una inmensa mitología acerca de la sexualidad del africano.

Su agente literario, Andrew Wylie, es famoso por su ferocidad y su eficacia. ¿Cómo lleva trabajar con él?

R. Andrew es un hombre muy dulce. Le envié las cien primeras páginas de mi novela. Estaba tan nerviosa que escribí mal su apellido en el sobre, pero lo corregí a tiempo. Él se iba a Londres y leyó el manuscrito en el avión. Eso fue un jueves y el lunes siguiente me reuní con él. Me dijo que podía vender la novela sin que yo la terminara antes y así hizo. Pero las expectativas eran tan altas que no pude seguir escribiendo. Dejé Nueva York y vine a Roma para acabar la novela. 

Fuente original:

 http://cultura.elpais.com/cultura/2014/02/18/actualidad/1392753438_486698.html

Era Cultural.

 

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