CIVILIZACIÓN DEL MEDITERRÁNEO ARCAICO (PARTE I)

LIBRO DE MICHEL GRAS.

0. Introducción.

Cuando decimos civilización mediterránea estamos hablando de la historia de un mar, en particular, del mar Mediterráneo; un espacio líquido que divide y une a la vez  por el que circulan hombres, productos e ideas.

Para los antiguos, se trataba de un mar prácticamente cerrado que no se comunicaba con el exterior más que por el estrecho del que hoy llamamos Gibraltar. Era un espacio que atraía ya que implica otra lógica a la de la superficie terrestre. Además, se trataba la masa de agua que bañaba el centro del mundo conocido, lo que los griegos llamaban oikuomene. Por lo tanto, el Mediterráneo es un lugar central que condiciona la vida de quienes lo habitan; cuanto más cerca se encontraba uno/a del mar, más cerca se encontraría de la civilización e incluso el “barbaro“, aquel que por definición es alguien alejado del mar y del centro, comprendió la necesidad de acercarse y de hacerse con él.

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Durante la época arcaica, —una de las etapas en las que se divide la cultura occidental cuyo periodo abarca los siglos VIII, VII y VI a. C—  los griegos van a ir situando al mar Mediterráneo en el centro de su ágora mental. Decir que, para aproximarnos al mar de esta época arcaica, contamos con una información muy desigual. Sólo podemos conocerlo por lo que nos cuenta la historia griega, que es una historia mejor conocida y comprendida que la de otras poblaciones del Mediterráneo gracias a sus historiadores y filósofos . Así, a los colectivos (ya sean fenicios, persas, asirio-babilónicos, egipcios, cartagineses, tartésicos o etruscos…), solo los conoceremos por lo que nos exponen los propios griegos y por lo que ha empezado a contarnos la arqueología.

Sin embargo, la verdadera riqueza del Mediterráneo arcaico reside en todos los aportes de todos estos pueblos que se emplazaban o aspiraban a surcar sus orillas. Las distintas comunidades ribereñas llegaron a conformar un marco de relaciones intensas cuyas consecuencias se manifestaron en todos los campos de la vida (matrimonios mixtos, cultos mixtos, hábitats mixtos…).

Cabe señalar que es habitual que los historiadores más actuales recurran a escritos de autores que escribieron y vivieron siglos después a los acontecimientos que relatan y describían. Por ejemplo, el periodo helenístico y romano fue particularmente cuidadoso en el campo de la compilación y se suele acudir a ellos; habrá que esperar hasta los monjes de la Edad Media para encontrar nuevamente semejante ardor por hacer inventario de lugares y de ciencias. La historia arcaica fue escrita por historiadores clásicos de la etapa posterior, cuyo punto de vista era ya completamente diferente.

El arcaísmo fue una etapa en el que el sentimiento de dominio progresivo del universo representó un papel importante. Sería la primera tentativa del ser humano por dominar el espacio y las fuerzas naturales. Con lo que, finalmente, el Mediterráneo se humaniza y los tres siglos que conforman la época estarán dedicados a intentar dominarlo.

1. Paisajes y contemplaciones.

El diálogo entre el hombre y el mar se hizo intenso por primera vez en época arcaica, debido al aumento de los viajes emprendidos por los hombres de ciencias, emigrantes y mercaderes.

Nuestro modo de ver el paisaje mediterráneo está condicionado básicamente por las descripciones homéricas. Más tarde, la invención de la cartografía fue posible gracias a una capacidad de abstracción absolutamente revolucionaria. Así, fue Anaximandro el pionero que tuvo la idea de dibujar la tierra sobre soporte fijo y duradero. Por parte de los griegos también vendría la invención de los periplos (las guías del mar), cuya existencia conocemos gracias a Marciano de Heraclea, un geógrafo de finales de la Antigüedad que reunió varios de ellos. Uno de los más interesantes fue el periplo de Escílax.

Pero, previamente a las guías, al tráfico marítimo y a la denominada humanización del mediterráneo tuvo lugar el establecimiento de rutas por donde surcarlo, ubicación de puertos y la instrucción de los puntos de referencia: cabos, estrechos, islas, los astros, los vientos y sus variantes, las corrientes, mareas, istmos… En definitiva, era indispensable el conocimiento de las leyes del mar y, sobre todo, saber entender las intuiciones. Además, del papel de los cabos y promotorios que serán señalizaciones esenciales para la navegación en el Arcaísmo. A menudo estos cabos se convertían en lugares culturales y/o en fronteras naturales. También servían como indicadores del recorrido los islotes situados cerca de las costas y los estrechos del mar que marcaban límites aunque también eran puntos estratégicos para el comercio.

Mucho antes de que se construyera el faro de Alejandría se habían construido faros a orillas del Mediterráneo compuestos por una pequeña torre circular de mármol en cuyo interior había un relleno culminado en losas de gres que estaban en contacto con el fuego.

En cuanto a la tipología de los navíos, nos encontramos con representaciones de ellos en los relieves asirios de Khorsabad, donde se reflejan barcos típicos de Fenicia. También podemos apreciar los barcos griegos y etruscos habitualmente representados en vasos de cerámica.

 

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DEPARTAMENTO DE HISTORIA I

 

Los recursos del mar se veían como una inagotable reserva de peces. Los atunes se capturaban según la técnica inmutable de las almadrabas. Con la sal, formada en las salinas de los paisajes mediterráneos, se conseguía conservar la carne y el pescado. Estas salinas se ubicaban, fundamentalmente, en Córcega, Cerdeña, España, en la Italia central y meridional y en el Mar Negro.

Por último cabe comentar la purpura, que fue un producto importantísimo, de lujo, muy apreciado… obtenido a través del múrex (un tipo de crustáceo). El bello color era la tinta más costosa y su elaboración era muy compleja. Tiro era el principal centro de fabricación que daba lugar a la mejor purpura de Asia.

 2. Transformación de la sociedad antigua.

El nombre de este mar, Mare Mediterraneum, se traduce como “el mar en medio de las tierras”;  pero no todos lo conocían. Es más, los que vivían alejados de él en ocasiones ni creían que existiese aquello que les contaban navegantes y viajeros.

La psicología de la gente que vive frente al mar es necesariamente distinta a los que no se han criado en contacto con él. Los primeros, suelen ser más abiertos y aceptan de mejor grado las transformaciones; en cambio, la gente del interior desconfía más de las novedades. Y es que toda comunidad tiene una visión del es espacio etnocéntrica de forma natural, sólo un largo proceso intelectual puede ir apartándonos de esa idea.

No obstante, las primeras civilizaciones nacen entorno a la agricultura, una actividad que permite producir excedentes para el intercambio comercial. En el cambio de los modos de producción que pasa de la actividad económica de la tierra a la costa, incide el condicionamiento geográfico. En el caso de los griegos al igual que en el de los fenicios, su cultura se desarrollaba en medios pobres desde el punto de vista agrícola. Vivían en enclaves de relieves muy abruptos con suelos descarnados por las escorrentías, lo que les empuja a desarrollar otros esquemas de vida para obtener su sustento y, el mar, estaba repleto de recursos y de posibilidades desconocidas. Así, el hombre siendo un animal de tierra fue desarrollando su ingenio para ir buscando los medios y las formas de sortear esa desafiante y peligrosa actividad.

Hoy sabemos que el mar Mediterráneo mide 3800 km, tiene una superficie de casi 3.000.000 km₂, que hacia el oeste se abre al océano Atlántico por el estrecho de Gibraltar y hacia el norte topa con el Mar Negro (conocido por los antiguos como Euxino o mar Hospitalario).

Las costas de la parte septentrional del Mediterráneo son elevadas y extensas, alineadas a lo largo de tres penínsulas: la Báltica,  Itálica e Ibérica, las cuales, permiten identificar distintas cuencas o mares secundarios como: el mar Egeo, el Jónico, el Adriátrico o el Tirreno. Entre los ríos que vierten sus aguas al mar Mediterráneo encontramos el Danubio, el Dniéper y el Nilo, cuna de las primeras grandes civilizaciones de la humanidad.Sin título3

Dada su gran extensión y consiguiente evaporación, el Mediterráneo experimenta un déficit hídrico que es compensado con la entrada de agua desde el océano Atlántico a través del estrecho, lo que afecta a la navegación a causa de las corrientes y origina bancos de peces estacionales objeto de un activo comercio en la zona de Cádiz como centro pesquero histórico.

3. Los recorridos.

El Arcaísmo habría consistido, básicamente, en el intenso diálogo cultural entre la vieja Grecia y Oriente. Durante los siglos arcaicos, griegos y fenicios se dedicaron a tomar posesión de todo el ámbito mediterráneo: en el siglo VIII a. C se lanzaron al mar para fundar, comprar y vender. En el siglo VII a. C instalan las colonias griegas y las ciudades fenicias; y, ya en el siglo VI a. C, chocaron y se enfrentaron en el mar.

En la costa del Oriente Próximo (tierra de culturas antiguas como la mesopotámica) desde el Neolítico, van por delante del resto del mundo mediterráneo. Aquí es donde emerge Fenicia o Canaán (actual Libano), un territorio de ciudades importantes como Tiro o Biblos.

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mediterráneo oriental

Los fenicios se lanzaron a la aventura mediterránea comenzando por aumentar el número de contactos con el vecino Egipto. Posteriormente se hicieron con la isla de Chipre y llegarían más allá del mar, utilizando otros puntos de apoyo en Creta y en el mar Egeo. Resulta un tanto extraño que los primeros asentamientos fenicios sean los más alejados de Fenicia: Lixus, en Marruecos; Gades, la actual Cádiz y Útica, en el actual Túnez (y que mucho después se convertirá en Cartago). Así, en el 814 a.C, la costa sur del Mediterráneo, desde las costas levantinas pasando por el Magreb, hasta llegar  a Oriente próximo era un mar prácticamente fenicio.

En cuanto a los griegos, los primeros que navegaron lejos de sus bases fueron los de la Isla de Eubea (cercana a Atenas). Provenían de ciudades como Calcis, Lefkandi y Eretria, y solían frecuentar la parte sur del Mediterráneo para comerciar, por ejemplo, en Cartago con los colonos fenicios de aquella ciudad e, incluso, en ocasiones, se integraban en las sociedades mediante matrimonios mixtos. También es interesante decir que los habitantes de Eubea se caracterizaban por ser una sociedad en la que se distinguía la presencia de una clase aristocrática, la de los “Criadores de Caballos” designados así por ser esa la fuente de su riqueza.

No obstante, el interés del mundo griego por el ámbito fenicio fue algo recíproco y también los fenicios, especialmente los arameos, visitaban asentamientos griegos como Pitecusa.

La Isla de Chipre, la mayor del mediterráneo oriental, se utilizaba como un punto de encuentro entre el mundo oriental y el mundo griego. Sirvió de posta y, además, la región vivió la reanudación de los intercambios comerciales entre  griegos y Oriente Próximo tras los llamados “siglos oscuros”.

El  Egeo es un mar de innumerables islas, las cuales, poseían  minas ricas en plata, mármol y oro. En el entorno asiático se encontraban  las colonias de la Grecia asiática, es decir, una serie las fundaciones estables creadas poco a poco  a partir de la llegada de inmigrantes griegos de todas las regiones. La Grecia de Asia estuvo en contacto con el Oriente Bárbaro de los persas, de quienes fueron, en principio, buenos vecinos pero por quienes terminarán siendo desbordados a causa de la presión que les suponían.

Las ciudades griegas pueden dividirse en tres categorías atendiendo al dialecto que se hable en ellas: Al norte, el eolio; en la zona central se habla el jonio, y, por último, en la parte meridional el dorio. Por otra parte, durante el Arcaísmo, el mundo griego dio muestras de una vitalidad intelectual y cultural excepcional, ejemplos de ese panorama fueron: Anaximandro, Anaxágoras, Heráclito, Pitágoras o Heródoto el “padre de la Historia”.

Con respecto al Mar Negro, sus orillas estaban controladas por la ciudad Mileto, siendo un reflejo de la realidad la expresión “lago milesio”, un lago que proporcionaba pescado y estaba rodeado de tierras que suministraban todo tipo de sustentos. A su vez, el Mar Negro era un acceso al mundo bárbaro, no obstante, la ausencia de informaciones precisas del contexto dificulta crear modelos o esquemas explicativos de la zona.

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El Delta del Nilo se encuentra en una región geográficamente abierta del Mediterráneo. El delta de entonces se conoce por el periplo de Escílax. En la punta del triángulo que forma la D del delta se encuentra la región de Menfis, cercana a El Cairo, en donde solían acampar los tiritas (fenicios de la ciudad de Tiro). También es la región donde se erige el Templo del de Dafne. Y, señalar, que en esta zona las excavaciones arqueológicas han sacado a la luz un santuario dedicado a Afrodita (diosa del panteón griego) por lo que se presupone que también hubo matrimonios entre griegos y egipcios.

Cartago (Túnez) estaba en una posición central y a la vez marginal, ya que no forma parte ni de la cuenca oriental y ni de la occidental sino que se encuentra siguiendo la ruta que va de Tiro hacia el estrecho de Gibraltar. Tuvo un desarrollo rápido, llegando a convertirse en una de las figuras más importantes del Mediterráneo. Los primeros contactos los tuvo con el mundo griego de Sicilia, manteniendo también relaciones con los lugareños de la Isla de Malta. El desarrollo del mundo fenicio del sur de España fue importante para Cartago pues ambas regiones cooperarían al estar  bajo el mismo dominio.

Por su parte, el Mar Tirreno ocupa un vasto espacio entre la Italia continental (al este), Córcega y Cerdeña (al oeste ) y, al sur, la Isla de Sicilia. No hay muchos enclaves griegos ni asentamientos fenicios importantes en torno a este territorio. Exceptuando las ciudades etruscas indígenas y Roma, los puntos comerciales que controlaban los intercambios y poseían cierto control social y económico del área mediterránea están fuera de esta cuenca marítima. Sin embargo, toda la población local del tirreno vio multiplicar sus contactos culturales y comerciales con emigrados más emergentes (griegos o fenicios). Así, los griegos terminaron instalándose en el golfo de Nápoles, a medio camino de Grecia y de las riquezas en hierro de Etruria. Del lado fenicio, éstos se asentarían en Panormos (Palermo) y Solunte.

Más allá del mar Tirreno, comienzan los vastos espacios marítimos del oeste. En dirección hacia Marsella se entra en la Europa continental y, más hacia el oeste, nos topamos con el estrecho de Gibraltar y su puerta hacia el Océano Atlántico.

El espacio occidental fue descubierto en primer lugar por los fenicios y luego por los griegos de la isla jonia de Focea. La costa andaluza se convirtió en un territorio fenicio, pero los foceos se interesarían por la zona debido al atractivo de la región y su riqueza en minerales hasta establecer sus colonias griegas en el  sureste de español.

Era Cultural.

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