HISTORIA

INTRODUCCIÓN.

La Historia generalista, cuyo fin es el conocimiento integral de la vida de la Humanidad a través de las eras, presenta al hombre como el sujeto principal de su ocupación o tarea, con lo cual, él y sus colectividades serán los protagonistas de la Historia en los distintos tiempos y países.

En esa dirección, el reconocer a los seres humanos como el epicentro de esta disciplina conlleva a la rotunda afirmación de la universalidad de la misma y de su continuidad a través del tiempo, donde cada momento está conexo con el pasado y se proyecta hacia un futuro.

La división cronológica de la Historia en las Edades Antigua, Media, Moderna y Contemporánea tiene su origen en la centuria del 1600 de la mano del historiador alemán Keller, quien formula esta explicación en el siglo XVII y se instala de forma definitiva. Pero las periodizaciones de dicha división habrán sólo de admitirse como instrumento de trabajo con el objeto de facilitar el estudio de cada materia en particular. No obstante, conviene no intentarlo aplicar a esquemas generalizadores así como tampoco tratar de llevar un concepto demasiado subjetivo a la caracterización de todo un período histórico.

De este modo, la periodización permite ensamblar los hechos jurídico-políticos, histórico-culturales y económico-sociales transmitidos por los historiógrafos, pero aún insistiendo en sus riesgos ya que, en cualquier caso,  unas determinadas situaciones histórico-espirituales sujetas a un esquema no pueden a la larga sentenciar nuestra imagen de los tiempos (de la Antigüedad, el Medievo, la Modernidad o la Edad Contemporánea) pues no estamos hablando de etapas perfectamente aisladas sino de un fluir continuo.

Aún así, por defecto, puesto que se encuentra anclado en nuestras conciencias y puesto que ninguna de las soluciones aportadas hasta ahora ha alcanzado una aceptación unánime convincente, mantendremos el principio de división a pesar de todas las precisiones, limitaciones y salvedades.

Mencionar asimismo que la Historia, como ciencia de la realidad humana, tiene que ver con el estudio de sucesos generalmente del pasado, pertinentes a la convivencia y al desarrollo de la vida de los individuos: asentamientos de los pueblos, las guerras, los procesos culturales… y que este campo de conocimiento se constituye a través de lo que se consideran fuentes históricas cuya veracidad y autenticidad han sido probadas.

Las fuentes históricas son la materia prima de este saber. Se trata de los documentos, testimonios u objetos que nos transmiten información relevante referente a unos hechos que sucedieron en épocas anteriores.

La Historia se hace con fuentes, a las cuales, el historiador, ha de interrogar y contrastar para obtener de ellas la mayor información posible. El mayor problema al que se enfrenta un historiador es al de cómo conocer el pasado, y, para ello, una vez localizada la fuente, tiene también que comprobar su autenticidad para poder verificar o desmentir un determinado hecho histórico.

Es complejo determinar el grado de fiabilidad de una fuente, mas, para descubrir si son verídicas habrá que hacer una crítica de ella: ¿qué ocurrió?, ¿cómo?, ¿por qué?, ¿a quiénes se refiere?, ¿qué consecuencias tuvo?, etc. Sin embargo, una vez acreditada, estudiada y comprendida no basta con publicar el hecho que se ha investigado, sino que es necesario interpretarlo y elaborar el cuerpo del conocimiento histórico.

Consideraremos la existencia de los siguientes tipos de fuentes:

  • Fuentes primarias –>  aquellas que se han elaborado al mismo tiempo que los acontecimientos que queremos conocer.
  • Fuentes secundarias –> aquellas que se forman a partir de las primarias (libros, manuales, revistas, etc).
  • Fuentes directas –> puede ser una obra de arte en sí misma (dibujos o grabados; los fondos arquitectónicos de cuadros y maquetas; inscripciones in situ que forman parte de un monumento así como los epigramas de los edificios o los mosaicos en catedrales y en otros lugares como muros o pavimentos; textos religiosos, legales… crónicas, inventarios, etcétera).
  • Fuentes indirectas –> son aquellas que complementan el conocimiento histórico. Se encuentran en los archivos municipales, locales y provinciales; en los textos literarios (donde para hallar datos concretos hay que leer entre líneas por la subjetividad con la que habitualmente escribe el autor), en itinerarios, guías de ciudades o de peregrinación, libros de viajes…
  • Fuentes  materiales –> pueden ser elementos como: arquitecturas, estatuas, monedas, utensilios, fósiles, vasijas… es decir,  todo tipo de objetos.
  • Fuentes escritas –> que pueden provenir de los escritos que se plasmaron en los propios restos materiales (sellos sobre cerámicas, tábulas de bronce, etc) o de documentos escritos reales (documentales: crónicas, textos notariales…; ficticios: los que provienen de obras literarias como los teatros, novelas…); u otros textos (los códices mayas, los manuscritos de los monjes copitas medievales y demás redacciones islámicas o de otras procedencias).

En conclusión, el historiador debe tener en cuenta las fuentes en su momento histórico concreto y las circunstancias en las que fueron creadas para ser sometidas a una crítica objetiva y comprobar su autenticidad/veracidad mediante la formulación de preguntas sobre su contenido, a partir de una hipótesis; y así construir la Historia.

Todo lo citado puede abrirnos el panorama del pasado. Las fuentes pueden también referirse al hombre como tal, como ser que ha poblado la tierra dejando en necrópolis rastros de sí mismo, o pueden referirse a su actividad múltiple, por ejemplo, al arte —una escultura— o en la guerra —un arma— . También, dichas referencias pueden ser contemporáneas al momento que nos transmiten o alejadas del hecho, mostrándolo  ya  como pasado.

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Para el cómputo temporal de los sucesos se puede decir que cada pueblo, ciudad y Estado ha establecido un modo diferente de cronología  basándose, esencialmente, en el curso solar, lunar o en una  combinación de ambos.

Aquí es donde empieza la labor de la Cronología y donde adquiere su pleno valor para la investigación histórica. Gracias a ella nos es posible encasillar los datos dentro de la red temporal; llegando, en este punto, a fundirse la Cronología  con la Historia.

La labor de la Cronología es, pues, descubrir las subdivisiones que cada pueblo ha generado en su devenir histórico; luego averiguar el criterio con que se fijaron los diferentes ciclos (ya sean lunares, solares o agrícolas). Y, por último, fijar, con relación a nuestro propio cómputo de tiempo, los acontecimientos que marcaron el final o comienzo de cada período.

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Era Cultural.

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