GEOGRAFÍA DE LA CULTURA

En este artículo acudiremos a los estudios y saberes de Philip L. Wagner, un investigador y académico que trata los problemas que surgen en la denominada geografía cultural. Además plantea, como experto en la materia, las cuestiones que deberían ser abordadas en esta ciencia, teniendo en cuenta que el campo al que nos referimos se constituye por el binomio de dos ámbitos diferentes: el cultural y el geográfico.

En su obra ”Cultura y geografía: ensayo reflexivo”, Wagner, indica que la geografía cultural puede concebirse como la aplicación de las ideas culturales a los problemas geográficos y/o,  en el sentido contrario; la aplicación de los conceptos geográficos a los problemas culturales. Por tanto, en su ensayo nos encontramos con una amalgama de propuestas y conceptos culturales y geográficos.

Resumiendo, en su escrito cuenta lo siguiente:

— La geografía cultural surge a partir del interés por fenómenos como: el paisaje, las regiones, las gentes del mundo, la migración, la difusión…

La Geografía, en general, suele contemplarse como una ciencia de síntesis. Esto significa que se forma a partir de otras muchas disciplinas (como la antropología, la cartografía, la demografía, la topografía, la geología, etc), las cuales, pueden ensamblarse mediante la interconexión de principios comunes en todas ellas engendrando, así, una disciplina que se presenta hoy (por medio de la compilación de toda la investigación geográfica a lo largo de la historia), como una rama del conocimiento válida y diferenciada, es pues una ciencia exclusiva y específica.

Entre los intelectuales de la Antigüedad, pensadores como Heródoto abordaron el tema de la variedad geográfica: diversidad entre los pueblos, sus prácticas… así como la diversidad de los paisajes que estos pueblos habitaban.

Desde sus inicios y lo largo del tiempo, la información  geográfica fue en incremento llegando a convertirse en una ciencia al servicio de la estrategia política de los estados y el utilitarismo comercial. En este sentido, la geografía cultural sería una preocupación tanto de estudiosos como de los dirigentes políticos y comerciantes, no solo en aquellos que pertenecían a estados europeos sino también para los del mundo árabe, China o de otras civilizaciones ancestrales como la Maya, la Azteca o la Inca.

La creciente información a cerca de estos asuntos se tradujo en que las personas tuvieron conciencia de que su mundo conocido es en verdad un mundo mucho más extenso. Así pues, cambiaba la realidad humana que, con una conciencia ampliada gracias a los razonamientos  que se descubrían, piensa en la existencia de entornos y pueblos muy distantes y diferentes entre sí mismos.

Algunos investigadores de ese entonces (y todavía hoy) intentaron relacionar la diversidad de los comportamientos y las fisonomías humanas con el entorno físico dado que les repercutía. Unos simplemente atribuían estos factores raciales y de comportammiento a la divinidad, otros ofrecieron visiones más “racionalistas” en donde factores económicos y tecnológicos eran los que presidían la diversificación entre los pueblos.

En la civilización occidental ha imperado durante bastante tiempo la desigualdad racial o la superioridad inherente del modo de vida europeo/estadounidense, con un fundamento materialista basado en la ventaja militar, tecnológica y económica. Este pensamiento ha tendido a inspirar una visión del mundo determinada en las personas generando diversas acciones y reacciones. Así, una vez que los geógraf@s han superado las presuposiciones racialistas y ambientalistas, están en la posición adecuada para aceptar y estudiar las motivaciones de  la acción humana: la cultura.

La génesis de una geografía académica que concediera gran importancia al papel de la cultura se atribuye a dos académicos alemanes del siglo XIX:  Eduard Hahn (economista) y Fiedrich Ratzel (etnólogo) cuyos trabajos sirvieron de referente para las siguientes generaciones, buscando los procesos de diferenciación entre las poblaciones debajo de la riqueza y de los contextos.

Las formas o los tipos de conocimiento geográfico han evolucianado por épocas históricas: desde la Antigüedad, cuando no había un campo de conocimiento definido; a la Edad Media, momento en que la representación del mundo estuvo determinada por la ideología religiosa; pasando por el período moderno, cuando aparece el sistema de meridianos y paralelos que se cortan perpendicularmente y momento en el que tiene lugar la Revolución Industrial que fomentó el colonialismo y la explotación de nuevos territorios;  hasta llegar a la Segunda Guerra Mundial. En todas estas épocas se han tratado los temas considerados como tradicionalmente geográficos, aunque siempre encontraremos lógicas particulares, diferencias en los métodos, una mayor o menor atención a unos u otros temas, etcétera entre las distintas etapas.

Podemos decir que la geografía cultural de antaño se preocupaba por la situación desfavorable de las regiones más atrasadas, de los pueblos indígenas, de los lugares remotos… En estos auntos, los autores buscaban la generalidad universal y transtemporal.

Sin embargo, en el mundo urbano reciente se descuidan aspectos que tuvieron un papel decisivo como elementos de los geógrafos: los paisajes y las poblaciones rurales. Con lo que, por su lado, la denominada “nueva” geografía cultural aborda con vehemencia cuestiones políticas y los temas sociales de actualidad (la segregación racial, situaciones poscoloniales, la clase social, la cultura popular…). Esta última investiga una geografía contemporánea con gran apreciación hacia los patrones étnicos muy localizados.

Tradicional versus Nuevo; estas son las dos visiones de la geografía cultural, un “ tira y afloja” originado esencialmente por la evolución del concepto de cultura. Diferencias:

La geografía cultural tradicional tenía un fuerte carácter antropológico e historicista y pone su atención en:

  ·   La importancia cultural de  espacios concretos,

  ·   los procesos de distribución de las poblaciones humanas

  ·    y en los paisajes creados por los diferentes grupos culturales.

Mientras que la “nueva” geografía cultural tiene una orientación mucho más teórica y es objeto de numerosos debates epistemológicos. Estudia:

   ·     Las políticas culturales en la ciudad,

 · los cambios espaciales en las nuevas relaciones laborales internacionales  a causa de los nuevos flujos económicos y culturales,

  ·  y las implicaciones culturales de las políticas migratorias, de género… así como las de la religión y  la lingüística.

La metodología de los geógrafos sigue siendo la misma, pero el objeto de interés ha evolucionado desde el estudio de las relaciones de los seres humanas con el medio al estudio de factores de aspecto económico y social —.

A mi juicio diré que Philip L. Wagner consigue en su ensayo difundir el sentido de la geografía cultural de manera especialmente objetiva, donde poco pueden percibirse las subjetivas pinceladas de su visión personal.

Estoy de acuerdo con el autor en varios puntos, por ejemplo; al igual que Wagner, considero que hay que desprenderse, (no solo los geógrafos), de esa visión eurocéntrica a la hora de realizar estudios o interactuar con el mundo, pues pienso, que esa mirada limita  el llegar eficazmente a los objetivos propuestos y/o dificulta percibir las otras perspectivas existentes. Además, en mi opinión el eurocentrismo da lugar a otros problemas en lo que a actitudes se referiere: falta de empatía, de visión, de curiosidad por otros modos de vida, desconocimiento, prejuicios…

La etiqueta “occidente” ha representado durante largo tiempo el inmenso “ego”  de buena parte de la población mundial debido, no a los civiles occidentales, sino, más bien, a sus dirigentes políticos, las grandes corporaciones empresariales y los medios de comunicación de masas quienes, a la hora de establecerse y relacionarse con el resto han establecido su cultura, por esencia, como la más válida y la que debería ser. Con este pretexto (a lo que se agrega la hipocresía y otros elementos ideológicos) la cultura occidental imperializa y convence a otros pueblos para “ayudarlos” a “progresar”; aunque con ayudar, lo que realmente en muchas ocasiones se quiere decir es explotar y enriquecerse uno mismo (en recursos, mano de obra, materias primas, etcétera).

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Cita:

Por la otra parte, observo que el imperialismo que he descrito ha hecho mucho daño en el pensamiento/mentalidad de aquellos que no pertenecen a Occidente sino a otras culturas u otras etiquetas supranacionalistas. Daños que van desde aceptar la cultura occidental ciegamente perdiendo la riqueza de los valores propios, los cuales, al igual que los valores occidentales serían totalmente apropiados y legítimos siempre que respeten los derechos humanos universales —abandonando incluso su indumentaria étnica particular, una vestimenta tradicional ya solo reservada para fiestas ocasionales celebradas en honor a sus naciones; su forma de comer, de actuar, de relacionarse… —  hasta causar todo lo contrario y desarrollar un rechazo, por ejemplo, como no querer relacionarse con personas no sean paisan@s cuando se ha emigrado prefiriendo aislarse en el nuevo entorno; o, en los sectores más extremistas, desarrollando un sentimiento o ideales anti-occidente.

Era Cultural.

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