PALACIO DE VERSALLES

El Palacio de Versalles está tutelado desde 1995 por la administración pública de Francia. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1979 y es uno de los palacios más conocidos a nivel mundial, no sólo por su imponente arquitectura e interminables y cuidados jardines, sino porque constituye en sí mismo una parte importante de la Historia de Francia.

Durante el Barroco (finales s.XVI- mediados s.XVIII) la arquitectura al servicio de la monarquía absolutista y de la Iglesia católica, alcanza uno de sus puntos culminantes en cuanto a valor simbólico y propagandístico. Desde este punto de vista, el Barroco como fenómeno vinculado al poder institucional, representa una corriente que difunde la Contrarreforma de la Iglesia católica a través de un lenguaje iconográfico muy visual. Por la parte de las monarquías, el rey quiere dejar patente su poder y la gloria de su reinado.

Roma, es el centro más importante del barroco italiano y los papas son los grandes mecenas del momento a nivel europeo. La arquitectura del catolicismo tiene como misión conducir a los fieles y persuadirles moviendo su sensibilidad hacia la auténtica fe, en clara oposición al carácter innovador de la Reforma protestante que se manifiesta como un desafío hacia la autoridad eclesiástica.

La arquitectura de la época, envuelta en una cultura para las masas, pretende impactar al observador. Se integrará en el espacio urbano cuidando las perspectivas. Las plazas y fuentes se convierten en espacios escenográficos donde la escultura y el agua se convierten en los elementos favoritos de propaganda de la fe católica. 

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En cuanto a las características generales del Versalles, hay que recordar que el arquitecto barroco utiliza los mismos elementos que se usan en el Renacimiento, pero con una nueva sintaxis. Es decir, a diferencia de lo que se puede pensar, Renacimiento y Barroco no son movimientos opuestos sino que el 2º bebe del 1º. Así, éstos poseen características distintas pero también similares ya que ambos se sirven de los mismos recursos, lo que varía es el uso que se hace de los mismos. El Barroco refleja una época de contrastes en donde se acentúan el subjetivismo, la fantasía, el retorcimiento y dinamismo de las formas, la exuberancia ornamental, la profusión de entablamentos curvos de entrantes y salientes, así como la preeminencia de la cúpula y la planta de cruz latina; fundamentos básicos que originan los rasgos típicamente barrocos.

La edificación a la que aquí nos referimos representa el momento culminante de la arquitectura palaciega en Europa tanto por sus dimensiones como por la magnificencia de su estructura, escenificando de manera excepcional el poder del rey absoluto.  Luís XIII le encargó a Philibert le Roy la construcción de un palacete en la zona de Versalles, lugar idílico para caza al que acudía con frecuencia. Se trataba de una sencilla edificación dispuesta sobre una planta en forma de U. Posteriormente, su hijo Luís XIV, se encariñó con el lugar y decidió transformarlo.

Las dos primeras ampliaciones se deben a Luis le Vau; la tercera y definitiva ampliación del Versalles surge del problema por alojar a las más de 20.000 personas que formaban la Corte de Francia. Esta última transformación se desarrolla entre los años 1678 -1715 y corresponde a Jules-Hardouin Mansart quien construyó dos inmensas alas, las cuales, empalmaría perpendicularmente con las alas laterales del patio, retranqueadas y puestas en línea con el acceso al patio. El arquitecto deseaba remodelar la fachada que daba al parque para disponer un salón central pero la negativa del rey le llevará a realizar en esta zona la galería de “Los Espejos”, el salón más representativo del palacio versallesco.

El agasajo y el gasto que se dio en Versalles le ganaron el apodo de el “símbolo del Abolutismo”. Dicho palacio está considerado el más imponente y lujoso de Europa, simbolizando el poderío francés de la vivienda del Rey Luis XIV  y  de época ilustrada francesa. Es pues una belleza grotesca del lujo, de la ostentación y la riqueza en una época donde el hambre en Europa alcanzaba el 80% de la población.

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Versalles, un palacio hecho a su  medida, identifica a Luis XIV, el rey absolutista por excelencia, digno de su poder y de su imagen de Rey Sol.

El monarca construyó Versalles para mantener bajo su control a sus nobles y funcionarios de gobierno. Todas las decisiones que se tomaban en este palacio estaban diseñadas para realzar el poder absoluto del monarca.

Al igual que sobre el sol giran todos los planetas, Luis XIV  hizo que alrededor de él giraran su Corte, nobles y funcionarios de su gobierno y el punto neurálgico de todo este poder va a ser el Palacio de Versalles.

En la construcción de este palacio se tomaron referencias de otras edificaciones como: El Palacio del Escorial, los Palacios parisinos del Louvre y las Tullerías y el Palacio del Buen Retiro (por su relación con la naturaleza y el agua). Muchos reyes de la época visitaron el este palacio y quedaron tan maravillados con él que también serviría de influencia en las composiciones arquitectónicas de otros palacios reales, aunque ninguno se le asemejó.

Era Cultural.

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